Por Sergio Micco
Señor Director:
Carlos Peña ha escrito que Ignacio Walker y Carlos Larraín han dado "testimonio de una sensibilidad conservadora" al añorar "la sana y buena política de Aristóteles" y criticar una cultura de masas dominada por el consumo. Sin embargo, Carlos Peña olvida que no sólo conservadores, sino que también liberales y progresistas, pueden compartir estos razonamientos; los que no son tampoco antimodernos.
Hay muchos que creen que el mundo que les tocó vivir es infinitamente mejor que el de sus abuelos; que no tienen una visión pesimista de la persona humana; que alaban la diversidad; que se sienten cómodos en el conflicto y que, sin embargo, no temen en citar a Aristóteles. Lo invocan para condenar el totalitarismo que anula el pluralismo o en formas extremas del individualismo, del corporativismo o del relativismo que destruyen un orden mínimo sin el cual no hay libertad ni paz, supervivencia cívica ni bienestar social. Pienso en Bernard Crick en su Defensa de la política.
John Kampfner es ejemplo de un liberal que comparte la crítica a una sociedad de clases medias dominada por el afán de seguridad y consumo que olvida sus deberes para las libertades públicas. Ve que hoy está la Libertad en venta. El fenómeno se observa en regímenes autoritarios como Singapur, China o Rusia; monarquías como los Emiratos Árabes Unidos no menos que en democracias como la India del Partido Popular Indio, la Inglaterra de Blair, la Italia de Berlusconi o el Estados Unidos de George W. Bush.
El juicio contrario a las mentalidades estrechas que buscan sólo la gratificación inmediata y que olvidan los deberes para con la polis también lo encontramos en notables historiadores de izquierda. Lo vemos con claridad al leer a Tony Judt en Algo va mal. No creo que sea un conservador cuando reclama que la Europa social que defiende supone narrativas morales, fieros deberes, abandonar metas provincianas, corporativistas y egoístas junto con postergar o derechamente sacrificar placeres tan individualistas como no sustentables.
Christopher Lasch es otro miembro de la cultura progresista que condena La cultura del narcisismo y ve en la familia Refugio en un mundo despiadado. No puede entender que los "progresistas" defiendan el individualismo burgués dominado ya no por la culpa sino que por la ansiedad por tenerlo todo ahora. Por cierto la idea de decadencia puede haber partido en la "derecha", pero echó raíces en la izquierda. Foucault fue quien escribió aquello del fin del hombre: "un rostro dibujado en la arena a orillas del mar".
El ecologismo reclama "conservadoramente" que debemos reverenciar el legado de nuestros ancestros y practicar una ética de la responsabilidad para con las generaciones futuras; olvidar la concepción del ser humano como un sujeto soberano y radicalmente desarraigado del resto de la coalición de seres vivos y practicar una profunda prudencia a la hora de introducir nuevas tecnologías o prácticas sociales. Recuerdo a Andrew Dobson en su descripción del Pensamiento Político Verde o a Jeffrey Sachs en Economía para un planeta abarrotado.
Finalmente, si aceptamos que conservador es quien quiere conservar su propiedad y su tipo de gobierno; lo que más extraña de las dos columnas comentadas es que tildan de conservador un acuerdo que lo que expresamente propone es cambiar - no conservar- el tipo de gobierno presidencial y el sistema electoral binominal. ¿Quiénes son entonces los conservadores?
Publicado en Cartas al Director de diario El Mercurio, Jueves 02 de Febrero de 2012
http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2012/02/02/quienes-son-los-conservadores.asp




