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Primarias (las otras)

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           Por Robert Funk

 

Mitt Romney tiene la pinta, el nombre, y el dinero de un candidato presidencial sacado directamente de una de esas películas de Aaron Sorkin. Newt Gingrich, con su sórdida historia romántica y cuestionada conducta ética, tiene la pinta, el nombre, y el dinero del malo de la misma película. Esta semana, la película se trasladó al estado de Florida, un estado con más habitantes que Chile, y cuya heterogénea población le otorgó a Romney un importante triunfo (46%) por sobre New Gingrich (32%). Gingrich, quien mantiene fuerte apoyo en algunos sectores del país y de su partido, declaró que seguirá en el campo de batalla. Pero Romney se consolida cada vez más.

 

En ambos casos, la pinta, el nombre, y el dinero les ayudó. Una de las críticas que se le hace a la política estadounidense es que pareciera estar en un estado electoral permanente, y que esto ha resultado en los elevadísimos costos de hacer política (las elecciones de presidente y congreso este año costarán entre US$6 y 8 mil millones). La cara positiva de la moneda es que las primarias le ofrecen al público una extendida oportunidad de realmente conocer a los candidatos. Los millones gastados en comerciales y los numerosos debates televisados permiten que los votantes hagan su evaluación. Imposible ganar sin relato.

 

Las primarias del Partido Republicano son un buen ejemplo. Aunque recién comienza el año electoral, surgieron y desaparecieron 5 candidatos con “posibilidades de ganar” (Bachman, Cain, Huntsman, Paul, Santorum). Muchos, sin duda, han sido inflados por la prensa y por el “Tea Party”, que más que un partido es una coalición de distintos intereses populistas, evangélicos, libertarios, y de aquellos que ven en la constitución estadounidense un documento casi divino.

 

Romney no logra convencer a ese sector. Lo cierto es que el establishment lo apoya; lo incierto es si eso sigue importando. La fuerza real dentro del partido – la que lo llevó a triunfar en las últimas elecciones parlamentarias, y la que el año pasado desafió al presidente Obama en materia del presupuesto – radica en los nuevos radicales del Tea Party. Por eso, ahora que se vienen las primarias de los estados más conservadores del sur del país, es que Gingrich ve una oportunidad.

 

Este año las primarias podrían servir menos para profundizar la democracia y animar la participación ciudadana que a resolver una guerra civil interna de un partido atrapado entre peregrinos y pragmáticos. Me suena.

 

Columna publicada en diario La Segunda el 1 de febrero de 2012

Para ver la publicación haz click en el siguiente enlace

http://blogs.lasegunda.com/thinktank/2012/02/01/primarias-las-otras.asp
 

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