La hora de las preguntas y respuestas, parte II
Oscar Landerretche Gacitúa
Es necesario plantearse la posibilidad de construir un país mejor. Pero ¿por qué ahora, en que todo parece más difícil? ¿Por qué precisamente ahora? Porque se han desnudado severas fragilidades que nadie puede pensar, seriamente, que puedan ser desatendidas por mucho tiempo. Para construir las respuestas de largo plazo que el país demanda, lo primero es plantearse correctamente las preguntas. Lo segundo es trabajar seriamente para responderlas.
¿Cuál fue la magnitud e intensidad del daño? En igualdad de condiciones respecto al epicentro del sismo principal y a los maremotos y réplicas principales, ¿Qué tipo de construcciones fueron las más afectadas y de qué maneras? ¿Tiene sentido seguir negando la informalidad que conduce a construcciones anacrónicas, sobre todo en zonas rurales y costeras y a ampliaciones carentes de revisión técnica alguna? ¿Tiene sentido seguir calculando el “déficit habitacional” en Chile sin consideraciones de calidad que incluyan el aspecto preventivo?
¿Funcionó la combinación de los mercados inmobiliario, hipotecario y de seguros para garantizar un porcentaje aceptable de construcciones más recientes con calidad suficiente (que entre otras cosas son la garantía de los créditos hipotecarios)? ¿Cuál es y cuaá debe ser ese nivel de calidad? ¿Cómo se cercioran los bancos de que sus garantías sean “sólidas”? ¿Les interesa?
¿Por qué colapsaron “atraviesos” y tramos de autopistas construidas hace muy poco? ¿Por qué otras que no colapsaron tienen irregularidades y baches que hacen menos seguro el tránsito? ¿Era posible que el Estado controlara de mejor manera sus diseños y aplicaciones? ¿Fue el Estado el que las especificó incorrectamente? ¿Por qué el contraste con el excelente desempeño del viaducto de la Linea 5 del Metro de Santiago?
¿Hasta cuándo ahorramos para tiempos peores sobre la base de negarle recursos a programas y proyectos fundamentales que terminan por hacernos gastar el doble? ¿O no fue eso lo que pasó con el Transantiago, con algunas autopistas y carreteras en este terremoto, que pudieron ser subsidiadas en su construcción si no se querían tarifas más altas? ¿O no fue eso lo que pasó con las comunicaciones, con el aseguramiento de la calidad de las construcciones, con la preparación y el entrenamiento del personal para responder de manera temprana y coordinada, con la instalación de equipos para el monitoreo de la actividad sísmica y la provisión de los recursos de personal y de insumos necesarios para hacerlos funcionar efectivamente? Y en el sector privado ¿No fue eso lo que pasó con edificios para sectores medios y edificios nuevos de oficinas que ahora tienen que demolerse y que pudieron haber resistido el embate del sismo con un poco más de gasto en diseño, mecánica de suelos, cálculo de estructuras y fiscalización?
Las crisis internacionales son exógenas y recurrentes, tal como lo son estos grandes terremotos que nos golpean a escala nacional. Debido a nuestra condición de economía pequeña y abierta, hemos aprendido a prepararnos para enfrentar tales crisis mundiales, porque en la macroeconomía siempre estamos bastante adelantados, pero no hemos hecho lo mismo con las contingencias catastróficas reales que son tanto o más recurrentes que las fluctuaciones más abruptas de la economía mundial.
Oscar Landerretche Gacitúa
Doctor (Ph.D) en Economía Política, Universidad de Oxford, Inglaterra. Magister en Economía, Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia





