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Ventana académica

Por Nicolo Gligo

Sobre ISI, indexaciones y otras yerbas en descomposición

Nicolo Gligo, Director del Centro de Análisis en Políticas Públicas del INAP.

Nicolo Gligo, Director del Centro de Análisis en Políticas Públicas del INAP.

Las universidades en casi todo el mundo han entrado en una loca carrera por incorporar sistemas y estándares de medición a nivel mundial. Estos afanes se realizan, por una parte, para poder lograr ciertos parámetros que son usados para configurar unos absurdos e inútiles rankings de "calidad" de las universidades, y muy especialmente, por otra, para calificar tanto a la investigación que generan como a sus investigadores.

Para ello, han surgido las indexaciones de las revistas de investigación. Obviamente que el origen no podía ser otro que EE.UU. de Norteamérica. El ISI, la indexación más usada, proviene del Institute of Scientific Information, Philadelphia, PA, USA. Hubo un respuesta latinoamericana creándose una sistema, parecido pero más amplio como proyecto de biblioteca electrónica, llamado ScIELO, generado por la Fundación para el Apoyo a la Investigación del Estado de São Paulo, Brasil (Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado de São Paulo - FAPESP) y por el Centro Latinoamericano y del Caribe de Información en Ciencias de la Salud (BIREME).

Ambos sistemas son selectivos y cuando se originaron establecieron estándares bastante estrictos. La justificación de la selectividad para ISI se basó en la Ley de Bradford, derivada de las citas de revistas básicamente sobre ciencias naturales y exactas.

La necesidad de entrar en esta carrera ha incidido en que los investigadores, con el objetivo estar en el "mercado", tengan como fin, al margen de que sea útil para el país, sencillamente publicar en una revista indexada. Si es ISI, mejor. El instrumento se convierte en un fin. Ese pareciera ser el objetivo permanente. Uno se interroga si eso es lo que necesitamos.

Los europeos, basándose en los aparentes beneficios de una buena idea originaria, entraron también en esta carrera, pero afortunadamente son muchas las voces que hoy día en Europa están planteando una revisión a fondo de las indexaciones en función de las políticas de desarrollo científico nacionales.

Una crítica muy dura que cada día toma más fuerza es "que estos índices que se impusieron son consorcios comerciales, que mercantilizan la investigación; son contratados por instituciones públicas y privadas de todo el mundo, a costos elevados, a cambio de poder acceder a las publicaciones que aparecen allí. Además, los investigadores deben pagar por publicar en revistas que están en estos índices".

Pero veamos los efectos perversos de este afán de indexación, en especial para Chile:

1. El histórico déficit de una política de Estado sobre la investigación científica repercute en que ciertos investigadores no tengan prioridades definidas y se "cuelguen" de investigaciones de otros países con el objeto de ser citados y reconocidos, independientemente de que éstas sirvan o no a los fines del desarrollo científico nacional.

2. Esto se ve agravado, en particular en las investigaciones de ciencias naturales y exactas, por la falta de diferenciación entre lo científico y lo tecnológico, pues hay investigadores que sencillamente “copian” tecnologías foráneas, haciéndolas pasar por científicas, una práctica que se presenta no infrecuentemente en Chile.

3. En las ciencias sociales y políticas generalmente lo científico tiende a confundirse con lo administrativo, levantándose a la categoría científica el estudio de instrumentos administrativos. Además, las ciencias sociales y políticas son claramente más laxas en sus cuantificaciones, lo que permite que en revistas indexadas se acepten aparentes trabajos científicos cuando son simples ensayos que contienen juicios de valor.

4. Los afanes de los investigadores por tener más y más publicaciones indexadas –la base de sus calificaciones– se convierte en la pulverización de ellas. Un proyecto que hace unas décadas podría difundirse en un libro hoy genera un número considerable de investigaciones, parciales, poco conectadas, sin instancias de enfoque holísticos.

5. Estas mediciones, si bien favorecen a los grupos de mayor producción, tienden a invisibilizar la investigación de las universidades regionales y de aquellos grupos incipientes. Los temas de interés "local" están generalmente infrarepresentados, aun en el caso de que generen investigación de calidad y de impacto social.

6. ISI privilegia las ciencias básicas. Muchos ensayos en el campo de las ciencias sociales no necesariamente cumplirían con los criterios exigidos por ellos. Dada esta realidad, por ejemplo, el ensayo de Kant sobre la respuesta a la pregunta ¿Qué es la ilustración? o el Manifiesto Comunista, de Karl Marx, que han marcado la pauta en distintos campos del saber, no hubieran clasificado en revistas ISI.

7. Los procesos de evaluación de revistas científicas que utilizan la aplicación de citas y su utilización como factor de impacto presentan algunas dificultades especialmente en las áreas de humanidades y ciencias sociales. Son reconocidas las deficiencias de cobertura y las inexactitudes de los datos suministrados, el cuestionamiento al modelo de evaluación, y la inadecuada utilización de los indicadores bibliométricos derivados de este tipo de análisis.

8. Se han realizado esfuerzos para que revistas nacionales sean calificadas como ISI o como ScIELO. El análisis de algunas de ellas indica que son débiles, poco científicas y con estándares de selección muy bajos. Ello arroja como conclusión la ligereza de los organismos que determinan estas categorías y la evidencia de que sus sistemas son muy imperfectos.

9. En ciencias humanas, limitar la evaluación a las revistas indexadas reduce significativamente el impacto de las investigaciones, ya que un porcentaje cercano al 50% se publica a través de libros, y más del 10% a través de informes.

10. Es posible que haya investigadores que argumenten que publicar en revistas indexadas les exige mayor calidad en la elaboración de sus investigaciones, lo que puede ser muy real, pero las pautas de evaluación tienen que ver con una calidad neutra y no con los requerimientos nacionales. El argumento de que para ello está el Fondicyt y otros fondos similares no tiene validez al verificarse que estos organismos privilegian claramente el corto plazo y las adaptaciones y adopciones tecnológicas en detrimento de la ciencia.

El cuestionamiento actual a las indexaciones, y los costos y beneficios pecuniarios que implican, no necesariamente han generado iniciativas correctoras que perfeccionen la situación actual. Han abierto el apetito de buenos negocios sobre la base del "pay per publish". Por ejemplo PLoS Biology cuenta con siete revistas y el precio por publicar un artículo está entre US$2.250 y US$2.900. Es obvio que es muy buen negocio porque aceptan miles de artículos con un proceso de revisión "ligero". La entrada es el aparente "acceso gratuito". El ISI Web of Knowledge incluye 622 revistas de acceso gratuito de un total de 9.190 revistas.

En otras palabras, se está expandiendo el negocio científico-editorial y no se necesita ser brujo para pronosticar que los sistemas ISI y otros similares, que empezaron con muy buenas intenciones, y el afán de nuestros investigadores de estar en ellos, van a ir paulatinamente cediendo a las presiones mercantilistas y a las competencias de mercado, que irán surgiendo para convertirse, como ya se está viendo, en un buen negocio.

Pero, es lo que tenemos. Mientras se considere la comparatividad a nivel internacional como la base de las evaluaciones se seguirá dependiendo de estas estructuras que manejarán en forma subliminar las ciencias orientándolos a fines que no necesariamente son los nuestros. Mientras no se reaccione al más alto nivel, mientras no exista una definida y profunda política de Estado para las ciencias, las universidades chilenas y sus investigadores deberán obligadamente seguir usándolos para sus evaluaciones, rankings y comparaciones.

Seguirá la loca carrera por indexaciones tratando de publicar investigaciones en revistas indexadas por deficientes que éstas sean. Las limitaciones intelectuales seguirán jugando en contra de algunos investigadores que, con un reduccionismo marcado, sólo reconocen las publicaciones indexadas. Para ellos, o son de esta categoría, o no existen. Mediana mediocridad.

Nuestra falta de imaginación para desatar los lazos de dependencia intelectual influirá para seguir por esta vía. Afortunadamente ya hay evidencia de algunos procesos de cuestionamientos y de descomposición, en particular en ciertos países con un grado de desarrollo mayor al nuestro. Si no se explicita una política de desarrollo científico y no se le echa mano a las deformaciones de la indexación, seguiremos acrecentando nuestra dependencia científica, aumentaremos la inutilidad de mucha de nuestras investigaciones, malgastando nuestros escasos recursos para la ciencia, o haremos de esas investigaciones un insumo para un tema que se está investigando en otro país y que responde a sus prioridades.

Cuando no hay neuronas que cualifiquen, lo más fácil es someterse a algún sistema que ampare. Con él se podrá "progresar" y "hacer carrera" para llegar a ser, con las contradictorias pautas de evaluación que actualmente poseemos, un académico destacado, más allá de que pueda ser mediocre o más allá de que su investigación no le sirva al país.

Las opiniones vertidas en esta columna son de responsabilidad de su(s) autor(es) y no necesariamente representan al Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile.

Martes 23 de junio de 2015

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